jueves, 9 de diciembre de 2010

Vuela más alto Toulouse


Los tulusinos en Marte

Hoy en el periódico La Dépêche du Midi una de las notas de primera fue “Nuestro robot sobre Marte”, en referencia a IARES, artefacto construido en la Ciudad rosa y que está programado para pisar el planeta rojo en 2018.

El aparato de seis ruedas puede avanzar a una velocidad de un centímetro por segundo. Está “dotado de un súper-cerebro” y fue construido en el Centro nacional de estudios espaciales de Toulouse. Su misión será estudiar la composición química del suelo marciano como parte del proyecto ExoMars coordinado entre la Nasa y la Agencia espacial europea. El nombre IARES viene de Ilustrador Autónomo de Robótica y Exploración Espacial.

La noticia es motivo de orgullo para los habitantes de la ciudad, aunque tampoco es una sorpresa. Toulouse alberga las instalaciones de Airbus además de muchas universidades y centros especializados en aeronáutica y asuntos del espacio, como el mencionado arriba. De hecho, al buscar universidades y ofertas de trabajo, este campo es el que ofrece la lista más extensa. 

La relación particular entre Airbus y Toulouse sería un poco como la de Volkswagen y Puebla: dos de cada cinco changos* que uno conoce por acá trabaja para la compañía de aviones o para alguna de sus proveedoras. Y aunque acá no tienen vochos pululando por todas partes recordándoles a cada instante este binomio, el avión Beluga o muchos otros pájaros de fierro cruzando los aires tulusinos surten un efecto muy similar.

*Datos no estadísticos inventados al vuelo por el bloguero

lunes, 6 de diciembre de 2010

El Gallo y la huelga


El estereotipo de que los franceses hacen huelga por cualquier pretexto es algo que descubrí apenas hace poco más de un año, cuando empecé mi relación con Marjorie. Antes tenía la noción de una Francia "revolucionaria" y "cuna de la democracia" pero no la relacionaba directamente con idearios de izquierda o específicamente con el derecho de huelga, que tanto protegen y usan.


 La primera acción huelguista que me tocó llegó tres semanas tras mi arribo. Fue un paro general que no vi, que no experimenté pues ese día en particular lo pasé en zonas a las que no llegó la manifestación y usé servicios que siguieron su actividad normal. Eso fue cerca de un mes antes de las movilizaciones contra la Reforma a la Ley de Retiro.

Ahora bien, en México mis amigos me tildan de rojillo, de izquierdoso, de hijo de Marx. Aquí, aunque no me lo han dicho, sé que me encontrarían en el extremo opuesto de la brújula política pues me opuse a los bloqueos en la universidad, y la expulsión de los roms no me escandalizó como al resto de la población.

Pero las expresiones de mi derechismo de clóset las dejo para otra ocasión. Regreso al tema que me ocupa.
Si tuviera que dar una opinión breve y contundente sobre el asunto, la expresaría en los siguientes términos: el francés sabe efectivamente alzar su voz, expresarse y tomar las calles (el espacio público). Sin embargo (y esto lo digo viendo únicamente estas últimas manifestaciones), no sabe cuándo hacerlo. Es decir, sí sabe ejercer sus derechos pero lo hace tarde.



¿A qué me refiero? La grève del mes de septiembre y octubre (y que no ha acabado por completo) llegó a Francia dos o tres meses tarde. La ley se votó en la cámara de diputados durante verano (efectiva estrategia del gobierno) y mientras los galos veraneaban en la Costa Azul o fuera de sus fronteras, sus representantes populares daban el sí al proyecto de Nicolas Sarkosy y su primer ministro François Fillon. El momento para detener toda actividad, para cerrar refinerías y aeropuertos y estaciones de tren era ese precisamente. Ah, pero eso hubiera complicado sus vacaciones...

Una vez que la ley estaba aprobada en la cámara baja, ésta pasó a la cámara de Senadores que le dieron la aprobación final. Ese primer paso sucedió en la primera quincena de septiembre. Y apenas en octubre, ya que la ley iba en camino de los senadores, los franceses empezaron a tomar las calles. Un poco tarde, ¿no les parece?

Mi conocimiento de la democracia francesa ciertamente es limitado, pero me parece que el francés se ha encerrado en la idea de que la única forma de alterar los proyectos gubernamentales es haciendo la grève. El negociar, el cabildear me parece que no existe en su vocabulario, o al menos los medios (y las propias manifestaciones) no me hicieron cambiar mi opinión al respecto.

Más allá de no ejercer otras estrategias políitcas, los paros nacionales han logrado agotar la paciencia de distintos sectores. En París, por ejemplo, surgió un grupo anti-huelga que pedía a sus agremiados juntar todos los gastos extras que hicieran debido a las perturbaciones en el servicio de tren o cualquier otro.En el caso de la SNCF (Sociedad Nacional de Caminos de Fierro = trenes), la queja es muy precisa: si lo que quieren es presionar a su jefe (el gobierno) y provocar su enojo, ¿por qué no regalan los boletos a los usuarios en lugar de tomarse una vacaciones con goce de sueldo?

Acá en Toulouse yo he sido testigo del descontento de estudiantes que, si bien se oponen a la reforma, están en desacuerdo con los bloqueos a la Universidad Le Mirail, la cual tiene una historia difícil con este tipo de acciones. La pregunta que muchos opositores hacen es: ¿por qué no hacer la huelga y seguir estudiando? ¿Es algo tan difícil?

Además, ¿cuál es el verdadero impacto de un bloqueo a una universidad que en los últimos 15 años recurre al bloqueo del campus practicamente cada año para presionar a autoridades universitarias o al gobierno? El gesto simbólico, creo, pierde todo valor cuando se repite tantas veces.



Y no solamente la huelga y bloqueos en la universidad causan molestia a la gente. Instituciones como la mediateca de Toulouse ha caído en el abuso. Durante el periodo de mayor agitación, entre octubre y noviembre, 3 domingos concecutivos cerraron sus puertas "debido a la movilización nacional de huelga", sabiendo que su día de descanso regular es el lunes. Un fin de semana largo es lo que a mí me parece.

Ayer, una vez más la Mediateca José Cabanis estuvo cerrada "debido a la movilización nacional de huelga". ¿Cuál huelga? Efectivamente el movimiento no se ha apagado del todo, pero a los ojos de muchos de nosotros, usuarios asiduos de este lugar, nos parece ser un pretexto simplemente. Sobre todo en este lugar, que pretende ser un espacio para la educación, la cultura y la expansión de la mente, el hecho de cerrar y no permitir el intercambio de ideas resulta contraproducente. ¿Dónde van a informarse y a instruirse las futuras generaciones de ciudadanos, cuando el sistema educativo nacional también está bombardeado de quejas y las instalaciones de las preparatorias y unviersidades están bloqueadas?

Ya para terminar (pues este post se alarga demasiado), encuentro que el francés a abusado de la huelga como método de presión, olvidando que pueden existir otros caminos. Asimismo, sí, sabe tomar las calles y apropiarse del espacio público pero no sabe cuándo hacerlo. Y finalmente, si bien la reforma al sistema de jubilaciones le parece injusta al ciudadano galo, ésta era necesaria de una u otra manera y, aunque lo sinconformes lo sepan y lo sepan a cierto nivel inconsciente, todo el alboroto es producto de una molestía ya tardía en contra del jefe del Ejecutivo, el polémico Nicolas Sarkosy.

sábado, 4 de diciembre de 2010

De aquí para allá: Bernard


Bernard tiene nombre francés pero es de Camerún. Desde hace siete años vive en Toulouse y hoy es guardia de seguridad en una universidad de aeronáutica, aunque su vida está en el audiovisual, en  el cine.

Antes de resignarse al hecho de que su color de piel le cierra las puertas del mundo laboral, hizo una práctica en la estación de radio pública –“donde yo era el único negro”- y trabajó en varias salas de cine como proyeccionista, pero sólo por periodos breves. Cuando aplicaba para obtener una plaza fija (Contrato de Duración Indeterminada o CDI) las respuestas eran negativas. 

Bernard observando el encuadre con Alain, el director de fotografía.

“Somos pocos los que tenemos un diploma de proyeccionista y sé que al final del proceso de reclutamiento no encontraban a nadie pues unos meses después la vacante seguía existiendo y volvían a solicitar gente. En julio decidí dejar de buscar puestos así y tomé el trabajo como guardia de seguridad”.

Conocí a Bernard un mes después de mi llegada a Francia. Je vais retrouver mon père o Voy a encontrar a mi padre es lo que nos unió. Su guión cinematográfico cuenta la historia de Firmin, un joven africano sin nacionalidad específica que viene a Toulouse para encontrar al padre que jamás conoció.

Su creador sabe que el argumento base no ofrece nada sorprendente. Es en los detalles donde el espectador –sobre todo el francés- encontrará cosas desconocidas que le ayudarán a sensibilizarse sobre el fenómeno de la migración. El entramado de relaciones entre migrantes y franceses, y entre migrantes de distintas nacionalidades que se ayudan o se benefician descaradamente de la necesidad ajena, esa será la novedad para el espectador que desconoce la realidad migratoria desde la base, es decir, para la mayoría de la población francesa.

Mientras Bernard encuentra al actor ideal para encarnar a Firmin, sigue trabajando en su puesto de seguridad –“el trabajo que me da de comer”- y se concentra en los detalles para hacer del proyecto su entrada al mundo del audiovisual francés, un mundo al que, dice, ni siquiera los franco-franceses tienen acceso sencillo. 

“Alain, el director de fotografía, tuvo que trabajar en ocasiones como cajero de un supermercado. Así es la vida laboral acá; todo es muy cerrado. Aquí te piden diploma para todo, todo está muy controlado y te dicen qué debes hacer. Pero yo sé qué quiero hacer: quiero hacer cine y lo voy a hacer".


Además de su pasión por contar historias, dos personas le dan fuerzas para continuar en el camino de la creación artística. La primera es su pareja francesa, y la segunda su pequeña, una francesita mestiza, rica en amor y culturas.
 

viernes, 3 de diciembre de 2010

El Gallo y la "Revolución"

Yo no soy economista y Cantona tampoco. ¿A qué viene esto? Pues que los Gallos por acá se están alebrestando por el "llamado" que la ex-estrella deportiva Eric Cantona hiciera el mes pasado. En entrevista para un diario local dijo que la "revolución" que se hace en las calles ya es obsoleta; que era hora de que todas esas personas que se manifiestan vayan al banco a cerrar sus cuentas y así ser en verdad escuchadas.

La propuesta del deportista fue retomada por un grupo de Facebook -creado exprofeso para este propósito- la cual pide que el 7 de diciembre todo mundo vaya a su banco a cancelar su cuenta y retirar el dinero para quebrar el sistema bancario desde la raíz.

Como mencionaba el profesor de Finanzas de la Sorbone, Gunther Capelle-Blancard, no es que Cantona esté equivocado en el fondo sino que la forma en que la gente lo ha tomado es un tanto precipitada e irresponsable. Según el académico, la propuesta no tendrá éxito. Sólo la banca Belga había expresado hasta ayer temor pues su infraestructura es más pequeña y débil que la francesa.

Por su parte, la ministra de Economía francesa, Christine Lagarde, descalificaba las palabras del futbolista y la Federación Bancaria del mismo país se ha mantenido al margen.



Todo esto me parece muy interesante pues refuerza mi impresión de que los franceses tienen un alto sentido "revolucionario" el cual no saben encausar. Están profundamente molestos por muchas cosas pero actúan sin pensar, siempre con una actitud de "izquierda" o "altermundista" por llamarla de otro modo no tan acertado, muy extrema que no siempre les dan resultados.

Aunque claro está, no todos los galos van a abalanzarse sobre sus sucursales bancarias. Hay tuiteros que se pitorrean de Cantona y le piden, como intox2007, que cuando vaya a cerrar su cuenta el 7 que a ver si saca 200 Euros para que pueda terminar el mes. O guibirembaum que simplemente se ríe ante la ex-estrella del Manchster United.


Cantona tiene razón. La revolución gala en las calles ya es obsoleta. Hace falta hacer otras cosas. Pero me parece que esas otras formas están en el cabildeo, en la comunicación con sus representantes populares, en la presión verdadera y pensada.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Barriga llena, corazón contento (2)

Actualicemos mi lista de "comida francesa que a la que le he entrado".

Los agregados más recientes sin duda son los obligadísimos de la región. Empemos pues:

Les escargots o caracoles. 
Forma de consumo: a las hierbas
Veredicto: sabor interesante que la verdad quedó opacado por las hierbas. Sin embargo, un platillo que uno no se puede perder y que podría repetir en cualquier momento y sin problemas.



Comiendo escargots en casa de Emilie. Para la operación gastronómica existen unos tenedorcitos que ayudan a expulsar al caracolito de su hogar.

Cassoulet 
Ingredientes: Embutidos varios de la región sur-oeste y frijol blanco.
Veredicto: Una delicia cuando está bien preparado pero muy grasoso y pesado. Lo había comido enlatado y no me gustó, pero su segunda prueba la colocó en una posición privilegiada.

Foie gras o paté de hígado de oca.
Forma de consumo: embarradito sobre pan crujiente.
Veredicto: ¡de-li-cio-so! No hay más.

El Norte y el Sur: Eurocentrismos

Ayer fue día de corrección de exámenes en mi curso de francés. Cuando tocó el turno a la prueba de Comprensión Escrita el eurocentrismo afloró en la sala 704 del Mirail.

La nota de Le Figaro en línea que la profesora escogió informaba sobre una reunión de 15 países "del sur" a principios del año para realizar una lista de sus objetos históricos expuestos en museos europeos y estadounidense y los cuales quieren de vuelta. Ejemplo: la piedra Roseta egipcia y diversos objetos del Machu Pichu peruano.

Aunque a la reunión que tuvo lugar en El Cairo también asistieron representantes de Italia y Grecia que piden su patrimonio histórico de vuelta, la cabeza de la nota decía "Países del Sur quieren recuperar sus objetos históricos". Para los franceses -y parece que para todo europeo-, el término "países del Sur" es un sinónimo de "países en vía de desarrollo/3er mundo/pobres" o "países no-occidentales"; en oposición a "países del Norte".

Fue por esta selección de palabras que empezó la discusión. A excepción de Joseph, un inglés de Manchester, todos los presentes éramos originarios de "países del Sur": México, Colombia, Argentina, Kazajstán, Corea, China, Japón... (tenemos una compañera polaca pero imagino que la reciente entrada de Polonia a la Unión Europea aún no convierte a este país del "Este" en un país del "Norte").

Para mí y la mayoría de los presentes, "Sur" no es ni específico, ni adecuado, más allá que "Norte" me hace pensar en Islandia y Escandinavia irremediablemente. Por ejemplo -preguntaba yo a la profesora- ¿Australia es país del Sur o no? Está en el hemisferio Sur, no es europeo pero es tiene un estilo de vida occidental y es una de las primeras economías mundiales. México está en el hemisferio norte, en el mundo conocido como "occidental" pero no es reconocida como potencia mundial (a pesar de que los índices más recientes colocan a la nación latinoamericana en la posición 13, mientras que Francia está en la 15 del tablero internacional...).

La profesora ya no sentía lo duro sino lo tupido. Y sé (sabíamos) que ella no era la responsable del término y que ella no sería tampoco la encargada de cambiarlo. Lo que me sorprendió fue comprobar su renuencia a aceptar que el uso de Sur y Norte era extraño e incluso estúpido -por no decir poco actualizado...; comprobar que si bien es cierto que algunos países del hemisferio sur no tienen el mismo desarrollo tecnológico que otros (todo bajo criterios europeos), las condiciones actuales son muy distintas y ahora tenemos a China y Brasil entre las 10 primeras potencias del mundo.

Y cuando parecía que habíamos superado el debate, empezamos a preguntar cómo sustituir la frase "los países demandantes (que pedían la devolución de sus piezas)" por otra selección de palabras. "¿Podemos decir 'los países explotadores'? ¿O los 'países ladrones u opresores'? ¿O cómo es que llamamos a este grupo de países que le quitó o no quiere devolver el patrimonio histórico de los países 'más pobres'?".

La pobre sólo se quedó callada.

Accidentes, Ikea y el Lejano Oriente

Los post se siguen acumulando en mi cabeza (y en una que otra libreta que sirve de borrador). Éste, sin embargo, no será abortado.

Hoy fue un día singular. Primero un accidente automovilístico menor. Luego la visita a la tienda sueca Ikea. Y por último y alrededor de todo, la convivencia con tres compañeras de curso asiáticas. 

Vayamos por orden.

El accidente fue sobre una salida del periférico. Shinnie, mi compañera taiwanesa, iba al volante. Nos detuvimos pues había dos camionetas paradas; de la primera salieron dos franceses un tanto ebrios con intenciones de golpear al conductor de la segunda, la cual empezó a retroceder para "escapar" sin fijarse que nosotros estábamos a 5 metros de él. Nunca nos vio sino que nos sintió hasta que el golpe le avisó.

El coche de Shinnie no sufrió daños graves pero la tensión de un accidente en tierra extraña aumentó los sentimientos, sobre todo de Estelle -la sudcoreana- y de Risa -la japonesa-. De no ser por Marjorie (aka Mi Chutita) -la francesa ja- que salió a resolver el asunto, no sé qué habría pasado. Sin perder la calma y haciendo lo que hay que hacer en estos casos -tomar placas, llamar por teléfono, etc.- salió del vehículo y empezó a arreglar el asunto con el hombre que, al igual que nosotros, había sido víctima de la actitud violenta de los otros dos tipo de adelante. En fin... No pasó a mayores gracias a la intervención oportunda de Marjorie.

De ahí seguimos nuestro camino a Ikea, tienda que conocía por series estadounidenses pero que es muy popular también -o sobre todo- en Europa. Para mi Chutita, este lugar, además de un concepto interesante y acogedor, es un espacio que le recuerda a Europa por alguna razón.

Y creo que sí. La tienda tiene un ambiente especial. No sólo es un lugar cuyo objetivo es que la gente compre -y vaya que lo logra- sino que a través de distintos detalles deja ver su "espíritu europeo", como en las fichas de ciertos electrodomésticos que indican su ahorro de energía, en su sección de contenedores para desechos reciclables, en su atención al detalle en las reconstrucciones de cuartos y espacios de una vivienda -el meter platos y cubiertos que también venden dentro del lavavajillas o ropa y zapatos dentro de los armarios-.

Y para rematar (tanto la experiencia como el negocio), el comedor donde uno puede probar algunos platillos "suecos". Nada elaborado y sabra Dios (y Örst) si las albóndigas con salsa sueca y mermelada de moras son en verdad suecas, y si la carne de reno se consume regularmente en Estocolmo, pero al menos intentan.

Luego de comer y recorrer los pasillos de Ikea vino lo que hizo aún más diferente este día. Creo que Marjorie lo resume perfectamente en su estado del Librocara: "Estar explicando la pronunciacion francesa a una japonesa, una coreana, una taiwanesa y un mexicano en inglés en una tienda sueca en Francia... ¡eso tampoco tiene precio!"

No sólo las discusiones lingüisticas sino el conocer un poco de sus culturas es algo que aprecio mucho, ya sea que lo pueda experimentar aquí en Toulouse o en Puebla o en Río o en Taipei, o donde sea. Aunque hay que reconocer que Toulouse tiene un potencial excepcional para este tipo de experiencias.