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lunes, 15 de octubre de 2012

Francia y Argelia: El día de los harkis

La relación entre Francia y su ex colonia africana de Argelia escapa a mi comprensión debido a su complejidad. Creo que son de esos temas que, aunque uno como extranjero tenga los datos, falta haber vivido en la cultura desde pequeño o al menos muchos años para comprender.

El 19 de marzo de 2012 se cumplieron 50 años de que el país del Magreb alcanzara finalmente su independencia del colonizador europeo, luego ocho años de guerra, 25 mil franceses muertos y más de 100 mil argelinos. Y desde 2001, por decisión del entonces presidente Jacques Chirac, el 25 de septiembre se conmemora lo que se ha llamado El día de los harkis.

Imagen tomada de www.warandgame.com
Los harkis eran los soldados argelinos que luchaban del lado francés los cuales, al terminar la guerra, fueron dejados a su suerte por los vencidos. 

Algeria es evacuada rapidamente por los europeos. Entre los argelinos existen algunos que trabajaban para Francia: militares, funcionarios, políticos elegidos por el pueblo... Estos son los harkis, palabra proveniente del árabe harka, lo que significa movimiento y designa a su organización. Estos 250 mil musulmanes representan alrededor de 1 millón de personas junto con sus familias.

En la víspera de la consumación de la independencia, el FNL (Frente de Liberación Nacional,  organización armada argelina) promete no tomar represalias contra los harki. No obstante, todo mundo lo sabe: los harkis y sus familias están en peligro de tortura y de muerte. Los oficiales franceses reciben la orden de desarmarlos. Además, se prohibe formalmente embarcarlos rumbo a Francia.

Sin embargo, existen oficiales franceses que se oponen a estas órdenes y deciden ayudar a sus hombres.: mies y miles de karkis logran llegar a Francia, formando un grupo de aproximadamente 100 mil personas. Los que son dejados en Argelia sufren una terrible venganza de su gente durante las semanas posteriores al cese al fuego. Más de 50 mil entre ellos son masacrados.

En Francia son repartidos en varias decenas de campos de refugiados por años. Hoy, cerca de 1 por ciento de la población francesa está compuesta por los harkis y sus descendientes.

Traducción propia del fragmento Le drame des harkis, pág. 314, contenido en el libro L'Histoire de France Pour les Nuls. De 1789 à nos jours, de Jean-Joseph Julaud (2005, Francia: Éditions First)

sábado, 21 de enero de 2012

Nostalgia árabe

Hace unos días vi, luego de más de tres meses, a una mujer con tchador.


A las pocas semanas en Francia, la imagen de las mujeres musulmanas usando alguno de estos velos se convirtió en parte de mi cotidiano.

De regreso en México, todo el mundo del islam desapareció para mí. Salvo por los tacos árabes (que si los árabes se enteraran que son de cerdo se mueren), las referencias al Magreb y Alá se volvieron, una vez más,  tema de películas o noticias, pero ya no de mi entorno.

Fue entonces, gracias a una visita a mi antigua universidad, que recordé este aspecto tan importante y presente de mi estancia en el país del Gallo. Y para rematar la escena, la susodicha mujer con tchador -que imagino es estudiante de intercambio- esperaba a que le entregaran su orden de crepas.


¡Viva la France Arabe!
Delicias árabes para despertar el paladar

jueves, 7 de julio de 2011

Charles De Gaulle y los sacacorchos


La reverencia que muchos franceses le tiene a Charles de Gaulle me impresiona. Incluso los que fueron en su momento sus adversarios o los actuales miembros de partidos con ideología distinta lo respetan y lo consideran un pilar del Estado y una figura trascendental de la historia.

No me interesa, al menos ahora, hacer un análisis de la figura histórica de "El General". Mejor, quiero compartir un detalle curioso que forma parte de la cultura francesa (y obviamente del amor a esta figura).

Si en una reunión alguien pregunta por un De Gaulle, no se trata de alguien con un fetiche perverso y nacionalista, sino de una persona que desea destapar una botella de vino. Resulta que de forma popular, el sacacorchos "de brazos" -esos que suben y bajan luego de dar de vueltas a un émbolo- se llama De Gaule.



¿Por qué? Todo bien de un momento emblemático de la relación entre Francia y Algeria, cuando ésta buscaba su independencia. Luego de años de que el país del Magreb había iniciado con movimientos de insurgencia, por un lado, y de negociaciones para dejar de ser colonia, por otro, El General realizó una visita a Argel. Mientras los argelinos de cepa pedían la total independencia, los "pied noirs" ("pies negros) o colonos franceses, establecidos en suelo africano desde generaciones atrás, pedían al Estado galo que no los dejara solos, que siguiera presente y que recobrara el control total del país, antes de que el primer bando se lanzara contra ellos.

La respuesta a la pregunta que flotaba en el aire fue: Je vous ai compris. Los he entendido... ¿A los argelinos que pedían independencia? ¿O a los colonos que pedían apoyo? Nadie lo sabe, pero la frase fue acompañada de un movimiento de brazos hacia arriba y hacia abajo, el mismo que es necesario para sacar el corcho.



Y para mayor claridad, primero, el discurso, con el movimiento de brazos en el segundo 00:13...



Y luego, el discurso, ¡con el sacacorchos incluido...!

martes, 5 de abril de 2011

Marsella la Bella, Marsella la Árabe, Marsella la Extraña

Cuando le mandé mensaje a Marvin, un amigo mexicano de Toulouse,  explicándole que estaba en Marsella, su respuesta fue: "disfrútala, es la mejor ciudad de Francia. Es casi como México".

Si hubiera recibido esas líneas antes de pisar el principal puerto de Francia, mi reacción hubiera sido de incomprensión. Sin embargo, desde los primeros pasos fuera de la estación de tren, extrañamente sentí que no estaba en una ciudad europea. Por el contrario, me imaginé sin problemas caminando por una calle del Distrito Federal. Y no me lo tomen a mal, pero el graffiti, los brotes de suciedad y caos y el conjunto general de su imagen urbana me hicieron sentir en la Capirucha...



Cours Julien, el barrio pintoresco.


La diferencia es que en Marsella no abundan los chilangos -ni los latinos- sino los árabes. Fausto, nuestro anfitrión, nos contaba que durante los 40 días del Ramadán (la "cuaresma" musulmana) las calles de la ciudad parecen casi desiertas. Y sí, la presencia árabe se siente y se vive en cada esquina.

Lo comprobamos y lo probamos en el delicioso buffet del restaurante marroquí, al borde del mar; lo comprobamos y lo probamos también en el cafecito en medio del barrio árabe, con unas especialidades suculentas de la repostería de Túnez, un partido del Olympique de Marseille de fondo, y una docena de comensales -todos hombres- gritando, riendo, comiendo y saludándose amigablemente con besos en las mejillas.

Árabe sí, pero católica ante todo...*
La catedral de Marsella, al borde del mar,* 
le recuerda a la ciudad su "origen" religioso.


La Basílica de Nuestra Señora de la Guarda* 
domina la vista desde cualquier punto de la ciudad. 
Marjorie decía que era como los volcanes en Puebla: 
cada vez que sales de casa tienes la necesidad 
de buscarla con la vista para sentirte tranquil@


*Fotos autoría de Marjorie Blanc

domingo, 6 de marzo de 2011

El Gallo y el Islam

Cuando le propuse a Álvaro, un colombiano que conocí en la universidad, que escribiera su experiencia en Francia en este blog, el primer tema que le vino a la mente fue, el Islam. Creo, al igual que él, que para nosotros los latinoamericanos, la imagen característica de esta religión -los velos, las barbas largas y demás atuendos típicos- es algo que pocas veces tenemos oportunidad de ver.

En Francia, por el contrario, la presencia del Islam es algo de todo los días. En el metro, en las calles, en la tienda.

En el parque, un domingo a mediodía...


Ya habrá en otra ocasión, más sobre el tema. Por el momento, sirva este video para ilustrar el asunto. Las imagenes son del exterior de La Cité de l'Espace, en Balma, comunidad del área metropolitana de Toulouse (la "agglomération").

Hasta la próxima.

martes, 1 de marzo de 2011

La moda árabe chez le Gallo

Algo muy francés es el mundo árabe, por irónico que parezca. Es innegable la importante presencia de gente nacida en o con origen en países como Marruecos, Túnez y Argelia, principalmente.

Los jóvenes de esta comunidad tienen una moda sencilla pero bastante identificable: ropa deportiva, Nike o Adidas, y tennis de las mismas marcas que combinan el blanco, negro y azul. Remata la imagen un corte de cabello igual de común, estilo militar: los lados casi a rape y la parte de arriba un poco más largo.



Cuento esto porque hoy fui a la peluquería de mi cuadra, propiedad de un árabe. Al llegar le expliqué que quería un corte con la máquina. "Todo parejo", le dije, indicando el largo de su cabello y el peine del número dos.

Comenzó por los lados con la máquina. Luego mojó el resto y lo despuntó con las tijeras. Al cabo de cinco minutos -tiempo en el cual normalmente ya debería estar fuera del lugar-, el buen hombre seguía con las tijeras y el peine en la parte de arriba de mi cabeza. Diez minutos: "Pero el resto también con la máquina, ¿no?" "Sí, sí, también. Ya va...". Sin embargo, la máquina no llegaba y mi reflejo se acercaba cada vez más a los jóvenes árabes que pasaban frente al establecimiento.

Finalmente entendió por mis gestos que lo que hacía no era de mi gusto y metió la máquina. "Todo parejo, ¿sí?". Asentí.

Una vez que todo mi cabello tenía 10 milímetros de largo, tomó un poco de gel y lo repartió por mi nuca. ¿El propósito? Justificar los 10 euros que cuesta el corte, tal vez...