Ayer empecé a trabajar como recepcionista de noche de un hotel cuatro estrellas, el Grand Balcon Hotel, al lado del Capitol; otro día escribiré sobre la historia del lugar, la cual es muy interesante.
Una de mis obligaciones a cumplir entre las 9 de la noche y las 7 de la mañana es la preparación de todo lo relativo al desayuno, desde colocar las distintas selecciones de yogurts, jugos y cereales, hasta la cocción del huevo y las salchichas.
Una de las charolas que debo preparar es la que contiene todas las carnes frías. En los dos días que me entrenaron para estas tareas, la selección cambió tanto que aprendí que mi labor es preparar todos los platos posibles con todas las carnes que encuentre en el refrigerador.
Cuando mi jefa llegó para revisar mi primera noche, vio algo que no estaba bien: el tocino no estaba cocido. ¿El tocino? ¿Cuál tocino? Ah, esas rodajas que puse junto las carnes frías…
En mi experiencia, el tocino viene en tiras, no en rodajas. Así que cuando saque el paquete de “bacon” –cuyo letrero además ni leí- y vi algo en rodajas, pensé que era otro tipo de carnes fría que los franceses acostumbran comer. No pasó a mayores, pero aprendí que hasta en cosas tan tontas uno puede ser traicionado por sus experiencias culturales.
Imagino que en una clase de francés fuera del Hexágono jamás escucharemos hablar de lo que es un mec y una nana. Una vez que estamos acá, las conversaciones en la calle o con los amigos, o los personajes de la televisión nos hacen conocer estos términos.
Lo más cercano a mec y a nana en “mexicano”, sería, creo, wey y vieja, en términos de función. Sin embargo, si nos remontamos a su origen, la cosa es un poco más agresiva chez le Gallo.
De acuerdo a mi profesora de la clase de Expresión Oral -de la que soy fanático confeso- mec proviene de la palabra mequereau, la cual significa padrote; de ahí derivó en meq y finalmente en mec.
Por su parte, Nana es el nombre del personaje de la protagonista, una prostituta, en la novela homónima de Emile Zola. Aquí no es necesario explicar más…
Desde que empecé este blog había tenido la intención de compartir toda la nueva música que mis oídos escuchan por estos lares. Por una u otra razón, poco a poco todos esos nombres antes desconocidos se han ido acumulando en mi cerebro sin que estos hayan sido escritos en este espacio.
No obstante, hace cosa de un mes, la gente de Subterráneos, colectivo mediático de Puebla, me hizo la invitación de iniciar una columna mensual en su nuevo espacio virtual - www.subterraneos.com.mx. En un principio pensé en escribir sobre artes y espectáculos franceses y/o europeos, pero inmediatamente después cambié de parecer y decidí aprovechar ese espacio para hablar única y exclusivamente de las sonoridades que día con día llegan a mí. Así que sin mayor preámbulo, los dejo con la primera entrega de Cocorico Canta el Gallo.
Soul a la francesa
Él mismo lo confiesa con esa voz privilegiada y esos arreglos a la Motown:
“No tengo la mirada de Spike Lee… no tengo la seguridad de Mohamed Ali… No soy más que un soulman; no soy un Superman.Sólo eso y mis delirios, no tengo más que ofrecerte, nena”.
Falsa modestia o no, Ben, l’Oncle Soul o (Ben, el Tío del Soul, como ustedes prefieran) no deja de mentirnos un poco. En efecto, no corre más rápido que un tren ni derrotaría a George Foreman en un cuadrilátero, pero con seguridad tiene mucho que darle a nuestros oídos y a nuestras almas sedientas de música, melancólica unas veces, alegre otras; con una fuerza arrolladora siempre.
Aunque Benjamin Duterde (Tours, Francia, 1984) canta en francés, su corazón rima en un inglés que recuerda a The Temptations y a otros grandes de los sesentas y setentas estadounidenses. Con una tesitura que remite a Stevie “I just called to say I love you” Wonder, el joven graduado de Bellas Artes es más que un suéter a cuadritos y un sombrero que remata su apariencia retro.
Para dotar de frescura a su concepto y a su sonido –y conocedor de que el soul en Francia no es el género por excelencia- Ben ha sabido combinar otras sonoridades y estilos en su música. Su primer material –editado por Motown France- el EP Soul Wash Lesson One, contenía seis nuevas versiones de títulos como Barbie Girl, de Aqua o I kissed a girl, de Katy Perry, con los que además se permitía mostrar una personalidad juguetona, alejada de la sobriedad e intelectualidad que muchas veces se le achaca a los artistas galos.
Para su segundo disco homónimo, estrenado en mayo de 2010, el único cover fue Seven Nation Army, de los White Stripes, el cual ya había incluido en Soul Wash... El resto de los 14 títulos son composiciones originales, cantadas en francés en su mayoría, y de donde se desprende Soulman, canción que presta algunas de sus estrofas a la introducción de la presente columna.
Además de ser el segundo sencillo, Soulman es una suerte de “carta de principios”, donde el nominado a Revelación francesa del año de los Premios NRJ 2011 dice fuerte y claro que el soul en la lengua de Edith Piaf llegó para quedarse. No obstante, dice también, las referencias a la cultura negra estadounidense no se pueden obviar cuando se trata del género musical de Ottis Redding o Marvin Gaye. De ahí la mención al cineasta Spike Lee o a Rosa Parks, ciudadana común y corriente convertida en piedra angular del movimiento anti-segregacionista luego de rehusarse a ceder su lugar en el autobús a un hombre blanco, allá por 1955.
Así como el Tío del Soul demostró a sus compatriotas que la música no tiene lengua y que lo importante es el sentimiento que transmite, la invitación queda abierta a partir de ahora a abrir los oídos a las notas provenientes del país del Gallo. Mes a mes, su cocoricó –versión en français de nuestro quiquiriquí- nos compartirá un poco de la escena musical de estos lares, que en definitiva es mucho más que Alizée y Carla Bruni –con todo respecto para Nicolas.