La guía recomendaba el
"mercado de pulgas" de Saint-Ouen así que la idea de ir a curiosear antigüedades a este barrio nos pareció ideal.
Sin embargo, de este lado del oceáno el término "pulgas" no implica forzosamente
antigüedades. En lugar de visitar un mercado al estilo Los Sapos de Puebla, acabamos recorriendo
la "fayuca" parisina.
Ropa y zapatos de distintas marcas, artículos electrónicos, e incluso dos puestos de armas -que se anunciaban como los únicos en el lugar-, fueron parte del recorrido tanto en las calles que llevaban al mercado como dentro de éste. De los cerca de 50 o más puestos, no más de 5 tenían alguna curiosidad antigua. La pinta de todos era igual de ilegal e irregular que en el
mercado Jorge Murad alias La Fayuca de Puebla
o de cualquier zona cercana a una
estación de metro del DF.
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| En las inmediaciones del mercado. |
Al menos las últimas veces que fui a la Fayuca, jamás me sentí en
peligro, cosa muy distinta a lo que viví aquí -cabe aclarar que la
pinta de turista con el estuche de la cámara a un costado ayudó bastante al sentimiento.
Al alejarme de ahí, sentí una
mezcla de rabia y tristeza, no porque mi imagen de París, la Ciudad Luz, se hubiera transformado. Tampoco porque desconociera que lugares como este existen en el "Primer mundo". No. La rabia y la tristeza fueron porque, a pesar de que este mercado está a unos kilómetros del centro de la ciudad, en pleno corazón de Francia, los franceses creen -¿o nos hacen creer?- que este tipo de sitios sólo existen en países de
América Latina, de África o de Asia, jamás en su propio territorio.
Al mismo tiempo, recordaba una conversación que tuve una noche antes con un parisino que me confesaba que su película mexicana favorita -quizá la única que jamás había visto- era
Amores perros. Mientras nosotros en México escogemos como escenarios a las fayucas que nos rodean, los franceses prefieren contar sus historias en la parte bonita, en barrios como Montemartre, y engendrar
fábulas llenas de color como Amélie.
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| Montmartre |
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| La famosa épicérie de Amèlie |
Y no digo que sólo debamos hacer
Amelies a la mexicana pero de vez en cuando nosotros mismos somos responsables de cómo nos ven afuera. Y eso era en el pasado, cuando aún teníamos otras cosas que mostrar. de nuestro país. Hoy, ya no estoy tan seguro...
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| Santos-Morelia, sexta jornada, torneo de apertura... |
Nota: por obvias razones no saqué la cámara y por lo mismo busqué en la red imágenes para ilustrar este texto. Al parecer lo que encontramos no fue el famoso mercado de pulgas, sino otro, también de "puces", más marginal e irregular pero igual de real.